Me marchito despido
“Este clima fatal, no hablo del exterior –que por primera vez en semanas está templado y agradable–, en mi interior hay un caos total, entre el frío desolador que me cala y ha dejado heladas mis letras, el bochorno que me abruma y me quema con las dudas, y una brisa que de a pocos me está nublando la vista, haciéndome sentir que se avecina una tormenta capaz de empeorarlo todo.
Sí, esto me está dejando seca, mi necesidad de perderme en lo que escribo ya no parece una aventura más, me siento enraizada a una frenética oleada de sentimientos que me tambalean y no me dejan crecer, como si de caer se tratase pero la sacudida solo lograse despertar mi instinto masoquista. Estas líneas me están jodiendo.
El aire que supuestamente llegaría con sutileza a despeinar mi follaje solamente me deshoja, no puedo más, solía jugar conmigo misma al escondite pues sabía dónde encontrarme, ahora me siento asustada de buscarme porque se me ha vuelto costumbre perderme en las noches, de tal modo que ya no sigo al sol cuando amanece y mucho menos pongo algo de interés en el ocaso.
Me estaba ahogando hace poco, entre todo aquello que hacía por hacer, me pudría sin querer, luego llegó esta sequía, jodidamente oportuna que me alejará de una vez, no escribiré más, y no sé si he de reverdecer pues estoy encontrando placer en ver mis pétalos caer, mientras recuerdo que este montón de palabras lo comparto con una tempestiva necesidad de irme silenciosamente a jugar con las estaciones en mi jardín secreto.”






